Historia del tatuaje

El arte de tatuar se popularizó en el mundo occidental a finales del siglo XX, junto con la moda del “body piercing” y demás modificaciones corporales. ¿Pero sabemos realmente cuándo comenzaron a realizarse los primeros tatuajes en el cuerpo humano?

La mayoría de la gente sitúa este acontecimiento en una fecha mucho posterior a la que se produjo. Sin embargo, los primeros restos humanos tatuados que se han encontrado pertenecen a un cazador del neolítico, que presenta la espalda y ambas rodillas tatuadas. Fueron hallados en un glaciar situado entre Austria e Italia, y se calcula que tiene unos 5300 años.

Podemos encontrar más pruebas de que el tatuaje ha convivido desde siempre con el hombre en varias momias del antiguo Egipto, de hace 3000 años. Una de las más famosas es “Amunet”, una sacerdotisa de la diosa Hathor encontrada en Tebas, y que presenta diversas líneas y puntos en todo su cuerpo. La inmensa mayoría de los restos tatuados que pertenecen a esta época son restos momificados de sacerdotisas, lo que nos sugiere que el arte del tatuaje quedaba restringido a este colectivo.

Se piensa que el proceso de realización de los tatuajes era entonces muco más elaborado que en la actualidad. En Egipto recibía el trato de “ritual”, realizado casi exclusivamente por mujeres, y se trataba de un proceso muy doloroso que normalmente se llevaba a cabo como acto de muestra de valentía o de confirmación de la madurez (del mismo modo que aún hoy puede observarse en numerosas tribus africanas). En Polinesia se dio el tatuaje más artístico del mundo antiguo, caracterizado por diseños geométricos muy complejos, que eran embellecidos y renovados durante toda la vida del individuo, hasta que cubrían su cuerpo entero. El respeto a una persona se medía por la cantidad de tatuajes que tuviera.

              

Alrededor del año 1000 a.C. el tatuaje fue introducido en China, India y Japón por medio de las rutas comerciales. Pero a pesar de un glorioso inicio en Japón, el tatuaje no dejaba de estar reservado para aquellos que habían cometido graves crímenes, lo que era entendido como el peor de los castigos. El tatuaje adquirió con ello una connotación negativa y ante la apertura de Japón al occidente, el emperador Matsuhito decidió prohibir esta actividad para no dar la impresión de salvajismo a los extranjeros.

El tatuaje fue de nuevo introducido en la sociedad occidental por los expedicionarios ingleses dirigidos por el Capitán Cook en su vuelta de Tahití (1771). Los hombres de Cook iniciaron la tradición de los hombres de mar tatuados y extendieron rápidamente esta aficción entre los marineros, quienes aprendieron el arte y lo practicaron a bordo.Esto explica la curiosa asociación que ha prevalecido durante años entre tatuajes y marineros, quienes volvían a menudo tatuados de sus expediciones. Y dado que los marineros eran frecuentemente delincuentes que decidían embarcar durante largos períodos de tiempo para evitar a la justicia, se logró también potenciar la asociación entre tatuajes y delincuencia.

                                             Muchacho de marinero tatuadoPreso tatuado

El eco masivo del tatuaje se produce en América, durante la guerra civil (1861-1865). Uno de los primeros tatuadores profesionales fue C.H.Fellows, pero se considera que el primer estudio de tatuajes fue abierto por el inmigrante alemán Martin Hildebrant, en 1870 en Nueva York. Su mayor competencia fue Samuel O’ Reilly, quien inventó la actual máquina de tatuar en 1891,inspirada en una maquinaria inventada por Thomas Edison. Alrededor de 1900 existían estudios de tatuaje y piercing en casi todas las ciudades importantes, destacando especialmente el nombre de Sailor Jerry Collins (1911-1973), padre y creador del tatuaje de la “Old School”.

              

Los tatuajes permanecieron relativamente en letargo en el resto del mundo hasta los años 60 y 70, cuando resurgieron de la mano de la cultura hippie. Con ella se produjo la primera popularización del tatuaje, ya que éste se elevó hasta la categoría de arte. Se abandonaron los motivos marineros, que fueron sustituidos por grandes diseños muy coloristas, acordes con la época, y que provocaron que el tatuaje se alejase de las zonas portuarias y se introdujera más de lleno en la vida de la ciudad.

                

A finales de los años setenta y principios de los ochenta el fenómeno se difundió todavía más, especialmente entre las clases medias altas, con el nacimiento de una cultura alternativa que consideraba este arte como una forma de extravagancia. En los años ochenta, bajo el impulso de la cultura punk, heavy, rocker y de otras nuevas tendencias los jóvenes empezaron a interesarse por el tatuaje. La cultura de los tatuajes salió del ámbito subterráneo cuando algunos músicos buscaron crear una imagen de rock ‘n’ roll más peligrosa. De esta forma, ver tatuajes se convirtió en algo más común y la idea de adornar el cuerpo con imágenes personalizadas y accesorios varios resultaba atractiva para una amplia gama de individuos. Alrededor del mundo abrieron estudios de tatuajes y perforaciones y hoy en día, cada vez son más aquellos que lucen sin temor sus decorados. 🙂

                                                      

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