Crónica de mi tatuaje

Hoy, me he propuesto actualizar el blog con una entrada diferente a las habituales. No voy ni a comentar noticias, ni a hablaros de personas interesantes en este mundo, ni a mostrar vídeos de algunos procesos, ni a aportar información sobre ningún tema. Nada por el estilo. Hoy, me gustaría escribir una crónica acerca del proceso de elaboración de mi tatuaje. Muchos no sabéis que tengo uno y los que sí lo sabéis no conocéis del todo su historia, y dado que algunos amigos me han sugerido que mostrara algunas fotos de mi tatuaje, he pensado que ésta es una buena forma de hacerlo.  ¡Así que voy a intentarlo!

Desde que era pequeña, siempre me ha llamado la atención el mundo de los tatuajes. Con apenas 12 años ya tenía pensado que cuando fuera mayor llevaría varios diseños y me tatuaría en la piel cada acontecimiento de mi vida que fuese realmente importante. Pero se trataba de simples ideas e ilusiones que, por aquel entonces, no iban a ninguna parte. A medida que fui creciendo mis ganas de realizarme un tattoo fueron aumentando, pero seguía siendo menor de edad y necesitaba el consentimiento de mi madre para hacerme uno, lo cual era bastante difícil de conseguir.

Sin embargo, en febrero del año 2010 me encontré con la excusa perfecta que llevaba tiempo buscando: tuve que ser operada de apendicitis. 😦

Muchos os preguntaréis qué tiene esto que ver con una excusa para realizarse un tatuaje. Es muy sencillo: tras la operación, tuve algunas complicaciones para que la herida acabara de curarse y cicatrizar, ya que se me saltaron los puntos en varias ocasiones y la herida nunca acababa de cerrarse. El resultado de todo esto fue que se me quedó una cicatriz bastante fea y con mucho relieve (aunque en la foto no se aprecie bien).

No estaba nada contenta con ella y me disgustaba muchísimo que se me tuviera que ver en bikini y esas cosas, ya que me parecía realmente antiestética y quería cubrirla como fuera. Es entonces cuando encontré la solución a mis dos problemas: me estuve informando sobre si se podían realizar tatuajes sobre cicatrices y, cuando descubrí que sí era posible, le pedí permiso a mi madre para hacerme uno encima de ella. Y por lo visto, vio tal mezcla de desesperación y deseo en mí, que aceptó. Sin más. Por fin, había conseguido que mi madre me dejase hacerme un tatuaje.

Estuve varios meses dándole muchas vueltas al tema, pensando bien en qué tatuarme y tratando de encontrar un motivo del que no fuera a arrepentirme nunca. Tenía que ser algo que significara mucho para mí, pero a la vez que pudiese quedar bonito al plasmarlo en la piel. Entonces lo tuve claro: quería tatuarme un fénix. Me encantaban los diseños que veía por Internet y me sentía especialmente atraída por su simbología. Más allá de la faceta por la que generalmente se conoce a esta criatura (el ave que nunca muere porque siempre resurge de sus cenizas), llevarlo tatuado en la piel está considerado en la tradición china como un amuleto, como un símbolo de buen augurio. El fénix es uno de los cuatro espíritus de la leyenda china, considerado como esencia del fuego. Es un ser que renace del fuego, de sus cenizas, perfeccionándose a sí mismo en cada nuevo nacimiento. Tradicionalmente, se hablaba de que los fénix tenían todas sus plumas decoradas con líneas, y según la situación de éstas, tenían un significado u otro: las rayas de la cabeza significan virtud, las de las alas expresan el rito, las traseras representan justicia, las delanteras simbolizan la humanidad y las del vientre, la fiabilidad. Con ello, se pretendía mostrar que el cuerpo del ave simbolizaba las cinco moralidades del ser humano.

Una vez que tuve bien clara esta idea, pensé que también quería que mi tatuaje fuese original. No quería que nadie más pudiese llevarlo, así que me dediqué a buscar diseños de aves fénix en Internet y creé el mio propio con una mezcla de varios. 🙂

Ya tenía todo pensado y el siguiente y último paso era buscar un estudio donde realizarme el tatuaje. Había escuchado hablar bastante bien del local “Duende Tattoo” de Getafe, así que fui a preguntar allí. Me gustó la impresión que me transmitió el sitio y me dieron muchas facilidades para plasmar mi diseño en la piel, así que decidí que aquel podría ser el lugar indicado. Pedí cita con ellos y, por fin, en junio del 2011, me hice mi primer tatuaje. 🙂

  

Quedé muy contenta con el resultado. Me gustaba el diseño, el tatuaje estaba bien realizado y quedaba bien en mi piel. Sin embargo, con el paso de los meses, le encontré un problema: su tamaño.

Cuando mi madre me dio consentimiento para hacérmelo, lo único que me pidió fue que no me hiciera algo demasiado grande. Así que ajusté mi idea a su petición y limité el tamaño del diseño a 13 cm. De cerca y con la piel estirada quedaba bien, pero desde lejos se veía más bien como una mancha negra y era difícil averiguar qué era aquello. Todo el mundo me preguntaba que qué era, lo cual es una señal de que algo no iba bien. Traté de conformarme con ello, pero cada vez me molestaba más que no se reconociera que se trataba de un fénix tribal. Y un buen día, decidí que quería acabar con esa situación. Mi tatuaje necesitaba un cambio, un gran cambio.

Empecé a barajar la opción de cubrírmelo con otro diseño (hacerme un cover), pero la idea no me convencía ya que realmente no quería que se perdiera ese significado que para mi encierra este ave. Un amigo me habló de un estudio que conocía en el que trabajaban muy bien (Caballero Xtrem, en Fuenlabrada) y fui allí a consultarle mi problema al tatuador, David Ras. Me estuvo aconsejando y dando su opinión acerca del tema, y entre los dos decidimos que la mejor opción era realizar otro tatuaje mayor que rodeara a éste, integrándose con él pero a la vez desviando su atención. ¿Y qué mejor que realizarme otro ave fénix, con unas dimensiones “importantes”? Me gustaban estos diseños y así no perdería de ningún modo el valor que tendría para mí. Así que me puse en sus manos. Me fiaba plenamente de él y le di prácticamente total libertad a la hora de diseñar el dibujo. Cuando lo tuvo terminado me lo enseñó y me encantó nada más verlo, así que ya podíamos ponernos manos a la obra.

Esta vez, debido a las dimensiones y la mayor complejidad del tatuaje, necesité varias sesiones hasta haberlo terminado. Estuvimos trabajando en el tatuaje desde Diciembre del 2011 hasta Marzo del 2012. Os dejo aquí unas fotos del proceso:

  

Como veis, la primera sesión consistió en trazar la línea del diseño. Parece poca cosa, pero es una de las partes más complicadas, ya que es la base sobre la que después se realizará el resto del trabajo. ¡Tardamos unas 4 horas y media!

En la segunda sesión se tatuaron todas las sombras del dibujo y algunos detalles añadidos en las colas del fénix, además de algunas plumas. En la foto se ve la zona muy enrojecida debido a que fue tomada nada más acabar la sesión, pero al curarse quedó en tonos grisáceos.

Y finalmente, entre la tercera y la cuarta sesión, se dio color al tatuaje y se realizaron todos los detalles finales, dándolo así por terminado. Éste es el resultado:

  

Actualmente, estoy muy satisfecha con mi tatuaje. Por fin conseguí hacerme lo que yo realmente quería y como quería, sin limitaciones de tamaño ni de ningún tipo. Contar con la ayuda de David a la hora de decidir qué solución dar y su profesionalidad durante todo el proceso de realización ha sido fantástico, y recomendaría visitar su estudio a todo aquel que esté planteándose realizarse algún diseño.

Ahora estoy segura de que no voy a encontrarle más inconvenientes al tatuaje y deseosa de poder lucirlo este verano como se merece. 😉

Para los arrepentidos… ¡No desesperéis!

El fenómeno de expansión del tatuaje que se viene dando desde la década de los 90 no es algo que nos pille por sorpresa. Cada vez son más las personas que deciden decorar sus cuerpos con variados diseños para lucir durante toda la vida. Pero lamentablemente, no todo el que se tatúa parece reflexionar sobre esta condición antes de decidirse y cada vez son más los arrepentidos que luchan por acabar con sus tatuajes. Sin embargo, no es tarea fácil.

El proceso de eliminación  es largo, costoso y especialmente complicado, y no siempre es posible conseguir excelentes resultados. Actualmente, uno de los métodos más indicados y conocido por su eficacia es el  Láser de Neodimio –Yag Q-Switched; aunque existen otros, como el láser de rubí y el de alejandrita Q-Switched. La calidad del resultado con cualquiera de ellos va a depender de varios factores, tales como el color del tatuaje, la zona del cuerpo en la que esté localizado, la densidad y el tipo de pigmento utilizado, la antigüedad y la realización de algunos tipos de tratamientos previos.

El Láser de Neodimio-Yag Q-Switched emite una luz cuya energía es absorbida por el pigmento sin dañar la epidermis. Esta energía lumínica se convierte en calor en fracciones de segundo, y este rápido aumento de la temperatura provoca una fragmentación de las moléculas de tinta, que digeridas por una células denominadas macrófagos, son dispersadas haciendo desaparecer el tatuaje.

Dependiendo del tamaño del diseño, cada sesión tiende a durar entre 15 y 30 minutos; y en función del color y de  la cantidad de tinta, suelen necesitarse de 2 a 4 sesiones, con un período de separación de unos 50 días entre una y otra. En cuanto al dolor, normalmente no se precisa de anestesia local infiltrativa: suele bastar con una crema anestésica tipo EMLA. Inmediatamente después de la exposición a la luz láser, la piel comienza a adquirir una tonalidad blanquecina e inflamada que en pocos minutos se transformará en un tono rojizo o púrpura (que desaparece a los 30- 60 minutos). Al cabo de aproximadamente una semana, aparecen costras que se van cayendo poco a poco durante unos 10 días, hasta que empieza a observarse un aclarado de la densidad del tatuaje.

Respecto al tema del precio, si comparamos lo que costó la realización de un tatuaje con lo que costaría su eliminación, el coste es caro: la banda de precios oscila entre 400 y 1500 euros por sesión, dependiendo del número de sesiones requeridas, del color, de la profundidad del pigmento y, fundamentalmente, del tamaño.

¿Cuál es entonces el candidato ideal para la eliminación de un tatuaje?

– Un paciente cuyo tatuaje sea de color negro o azul oscuro y que haya sido realizado por un profesional.

– Que esté sano físicamente y psicológicamente estable.

– Que no sea fumador.

– Que cicatrice bien sin tendencia a la formacion de cicatrices queloideas.

– Que no presente enfermedades dermatológicas del tipo “Lupus”.

– Que no haya tomado Retinoides en los 18 meses previos al tratamiento.

Vídeos del procedimiento:

Os dejo aquí algunos vídeos que he encontrado en YouTube sobre el procedimiento de eliminación.